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martes, 16 de diciembre de 2014

domingo, 2 de noviembre de 2014

Notas V: El emigrante

Como todos los emigrantes, Papá no quiere marcharse. Está sentado en la silla de ruedas junto a Mamá. Ella con la boca apretada, mirando al frente, él con el labio descolgado y la mirada perdida. Mamá le coge la mano y se aprieta contra él como nunca había visto ¿Sospecharán algo? ¿Sabrán que está a punto de venir un médico para decirnos que ya ha acabado de acabar todo? ¿Imaginarán que por primera vez en sus vidas están obligados a rendirse? No lo sé, en cualquier caso yo me rendí hace semanas.
Ángela S. Aragón
Ahora mismo creo que ElHombredelaSilladeruedas no es mi padre.  Tiene su cuerpo, al menos se parece, pero Papá es algo más que esa masa de carne deshinchada. Papá opina sobre cualquier tema y, según él, tiene razón siempre porque “cuando yo digo algo es porque llevo razón”. Papá es un señor que hace chistes sobre todo excepto cuando se le lleva la contraria. Papá me pide que le peine cuando está nervioso. Papá lee todo lo que encuentra. Papá se siente desubicado en este tiempo así que ve películas y series de época, de la suya. Papá se escapa siempre que puede para fumar. Papá me dice “chiquituza” mientras me atusa el pelo y busca a mis hermanos para discutir sobre negocios. Papá me manda a por agua y habla con los médicos cuando tardan demasiado. Papá siempre tiene hambre. Es imposible que Papá esté con la boca abierta, con la mandíbula desparramada y callado. Eso no es Papá, es un corazón y dos pulmones que late y respiran en su cuerpo, sólo eso: dos pulmones y un corazón.
Mamá se abraza él como nunca. Dos pulmones y un corazón es suficiente para ella: Mamá sí lo reconoce, ella sí lo ve. Cuando se acurruca con él, se amodorra con su pasado y arrulla el milagro químico: el milagro de la mejoría inesperada, la noticia en el telediario, el espacio optimista en el Programa de Ana Rosa, su futuro protegido a la sombra de su marido, de su hermano. Mamá está pálida, aunque como siempre que está descompuesta, tiene dos pequeños rosetones rojos en los pómulos que acentúan aún más su palidez. Su descomposición es un instinto, no un pensamiento racional. No quiere pensar que los dos pulmones y el corazón dejarán de insistir. Ha decidido que esa posibilidad no existe o, mejor aún, que va adosarse al HombredelaSilladeRuedas y va a dejar que las cosas pasen, sin que su voluntad interfiera en nada distinto a la caricia y al cuidado.
Jamás los vi acariciarse hasta ahora, quizá éste sea el recuerdo más cariñoso que me quede de Papá y Mamá. Sí, no recuerdo otro momento más cariñoso que éste. Lo registro para que no se me olvide, seguro que algún día tendré que recurrir a esto, pienso, para recordar que Mamá sí quería a Papá, que detrás de todo, de tanto insulto y tantos golpes encima de la mesa, había algo bello.



jueves, 2 de octubre de 2014




















A mi compañera le gustan las canciones alegres.
Yo quisiera escribir para ella pero no me sale:
La alegría y mi sintaxis son dos líneas paralelas,
Ni tienen el mismo centro, ni mucho menos llegan a tocarse.
Mi optimismo se reduce al acto  de escribir.
Afortunadamente la vida es otra cosa: es carne, es saliva, es lamerle las verdades,
Tragarme sus mentiras.
Por suerte puedo lavarle las bragas, incluso cuando la menstruación
ha oscurecido
El fondillo.
Se las lavo mientras escucho hits de las radiofórmulas, feliz.

La intimidad es sucia y me gusta así.


Pero a ella le gustan  las canciones alegres y a mí…
a mí no me salen.
Desde antes de crecer mi mirada es seria,
Mi entrecejo arrugado
Mi  sonrisa aciaga
Y mi discurso difuso
O
Macilento.
Antes de que me dieran el segundo beso ya me parapetaba en los                                                                                                                                               márgenes.

A ella le gustan las canciones alegres,

a mí lavar su ropa interior
                                                          Sucia. Feliz